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Los Títeres, Obras Maestras Del Patrimonio Oral E Inmaterial De La Humanidad |
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Los Títeres, Obras Maestras Del Patrimonio Oral E Inmaterial De La Humanidad. Proclamación 2001: "El teatro de marionetas siciliano Opera dei Puppi" Asentado principalmente en Palermo y Catania, la Opera dei Pupi (teatro de títeres) vivió su apogeo en el siglo XIX y a principios del XX. Con gran maestría, los titiriteros dan vida a las historias de la literatura caballeresca medieval. Sólo sobreviven unos cuantos teatros familiares gracias a las actividades de salvaguardia que se iniciaron hace un siglo. Estos teatros eran a menudo negocios familiares. Las marionetas, famosas por la expresividad de los rostros, eran talladas y pintadas por marionetistas según métodos tradicionales. Estos, que intentaban superarse en cada espectáculo, ejercían una verdadera influencia sobre el público. Antaño, estas representaciones se distribuían a lo largo de varias veladas y brindaban a las clases populares la oportunidad de reunirse. Las mutaciones económicas y sociales fruto del extraordinario crecimiento económico de los años 1950 alteraron considerablemente este arte, amenazándolo en sus propias bases. Otras formas semejantes de teatro desaparecieron en Italia en la misma época, para resurgir unos veinte años más tarde. La Opera dei Pupi constituye pues el único ejemplo de tradición ininterrumpida de esta forma de teatro. Actualmente, las dificultades económicas ya no permiten a los marionetistas vivir de su arte, por lo que se orientan hacia profesiones más lucrativas. Además, el turismo ha contribuido a disminuir la calidad de los espectáculos que normalmente se destinaban a un público local.
Proclamación 2003: "El teatro de marionetas Ningyo Johruri Bunraku" Tres titiriteros manejan a vista del público unas marionetas bellamente engalanadas mientras, entre bambalinas, un narrador les presta voz acompañando con un laúd. Con más de 400 años de antigüedad, el teatro de marionetas sigue atrayendo a públicos modernos con su mezcla de drama histórico y contemporáneo. Considerado en Japón, al igual que el Nô y el Kabuki, como uno de los principales géneros dramáticos tradicionales, el teatro de marionetas Ningyo Johruri Bunraku combina la narración cantada, el acompañamiento instrumental y el teatro de marionetas. Surgió a principios del periodo Edo (hacia 1600) como una asociación de las marionetas con el Johruri, un género narrativo muy en boga en el siglo XV. Las intrigas contadas en el Ningyo Johruri, como se llamaba entonces a esta nueva forma de teatro de marionetas, se derivan de dos fuentes principales: los relatos históricos de la época feudal (Jidaimono) y los dramas contemporáneos sobre los conflictos entre sentimientos amorosos y obligaciones sociales (Sewamono). A mediados del siglo XVIII, el Ningyo Johruri adoptó el estilo escénico que lo caracteriza. Tres marionetistas, cuya parte superior del cuerpo puede ver el público, manipulan grandes marionetas articuladas. Desde una plataforma saliente y elevada (yuca), el narrador (tayu) cuenta la historia mientras un músico toca el shamisen, un laúd de tres cuerdas. El tayu interpreta todos los personajes, tanto masculinos como femeninos, adaptando su voz y sus entonaciones a los personajes y a las situaciones. Aunque el tavu lee un texto escrito, tiene un amplio margen para la improvisación. Los movimientos de los tres marionetistas deben estar cuidadosamente coordinados para que los gestos y las actitudes de las marionetas den una impresión de realismo. Estas, ataviadas con suntuosos atuendos y cada una dotada de su propia expresión personal en el rostro, son confeccionadas por maestros artesanos. El género adoptó su nombre actual, Ningyo Johruri Bunraku, a finales del siglo XIX, cuando el Bunrakuza era el teatro más célebre. Actualmente, estas representaciones tienen lugar en el Teatro Nacional Bunraku de Osaka, pero esos artistas de renombre también hacen representaciones en Tokio y en otras escenas regionales. De las 700 obras escritas en el periodo Edo, sólo 160 forman parte del repertorio actual. Las representaciones, que antes podían durar un día completo, han pasado de seis actos a dos o tres. El El Ningyo Johruri Bunraku, proclamado “Bien cultural inmaterial importante” en 1955 por el gobierno japonés, no está seriamente amenazado. Este arte popular atrae a numerosos jóvenes artistas. Sus cualidades estéticas y el contenido dramático de las obras continúan interesando al público contemporáneo.
Para infundir vida a sus títeres de refinada artesanía, el titiritero manipula sus articulaciones mediante varillas, acompañando el espectáculo un narrador y una orquesta de gamelán. Estas obras combinan mitos locales, epopeyas hindúes y narraciones persas con temáticas contemporáneas. Si esas marionetas fabricadas artesanalmente con esmero son de diversas tallas, formas y estilos, dominan dos grandes tipos: la marioneta de madera de tres dimensiones (wayang kitik o golèk), y la marioneta del teatro de sombras, lisa y de cuero (wayang kulit), cuya silueta es proyectada en sombra chinesca en una pantalla. Ambos tipos se distinguen por sus trajes, los rasgos de la cara y los cuerpos articulados. El dalang (maestro marionetista) manipula cuidadosamente los brazos mediante unas varillas muy finas fijadas en las marionetas. Para reforzar el efecto dramático, los cantantes y los músicos interpretan melodías complejas acompañándose de instrumentos de bronce y de gamelan (tambores). En otra época, los marionetistas eran considerados como personas cultas y expertas en transmitir con su arte valores morales y estéticos. Las palabras y las acciones de los personajes cómicos, que representaban al “hombre llano”, constituían artificios eficaces para criticar los problemas sociales y políticos, y es de creer que esta función especial contribuyó a su supervivencia a lo largo de los siglos. Los personajes de los mitos del wayang proceden de los mitos locales, a los cuentos persas o de las antiguas epopeyas indias. El repertorio y las técnicas de interpretación se transmitían oralmente dentro de las familias de los marionetistas, músicos y artesanos que las fabricaban. Los dalang han de ser capaces de aprender de memoria un amplio acervo de historias, declamar fragmentos de relatos antiguos y cantar canciones poéticas, todo ello de manera ingeniosa y creativa. El teatro de marionetas wayang sigue gozando del interés del público. Pero para hacer frente a la competencia de formas contemporáneas de diversión como el vídeo, la televisión o el karaoke, tienden a exagerar las escenas cómicas en detrimento del argumento de la historia y a reemplazar el acompañamiento musical tradicional por música pop, contribuyendo así a alterar ciertas características de la tradición. Proclamación 2005: "El Sbek Thom, teatro de sombras jémer"
El Sbek Thom es un teatro de sombras jémer que presenta marionetas no articuladas de dos metros de alto hechas de cuero calado. El Sbek Thom, que se remonta a un periodo anterior al Angkoriano, junto con el ballet clásico real y el teatro de máscaras, es considerado como sagrado. Dedicado a las divinidades, las representaciones sólo podían tener lugar en ocasiones específicas, tres o cuatro veces al año, tales como el Año Nuevo jémer, el cumpleaños del rey o la veneración de personalidades ilustres. Después de la caída de Angkor en el siglo XV, el teatro de sombras se desarrolló más allá del simple marco ritual para convertirse en una forma artística, al tiempo que conservaba su dimensión ceremonial. Las marionetas se hacen de una pieza única de cuero según una ceremonia especial para cada personaje representando a dioses o divinidades. Las pieles se tiñen con una solución obtenida a partir de la corteza del árbol kandaol. El artesano dibuja el personaje en la piel curtida, después lo recorta y lo pinta antes de atarlo a dos palos de bambú, lo que permite al bailarín animar la marioneta. Las representaciones tienen lugar generalmente por la noche al aire libre, al lado de un arrozal o de una pagoda. Un gran telón blanco se coloca entre dos altos palos de bambú delante de una gran hoguera, o, actualmente, de proyectores. Las siluetas de la marioneta se proyectan en la pantalla blanca. Los animadores dan vida a las marionetas con pasos de baile precisos y específicos. La representación está acompañada por una orquesta y dos narradores. Inspirada en el Reamker, la versión jémer del Ramayana, representa escenas de esta epopeya que pueden durar varias noches y requerir hasta 160 marionetas para una sola presentación. Muchas de ellas fueron destruidas bajo el régimen represivo de los jemeres rojos, que casi consiguió aniquilar este arte sagrado. Desde 1979, el Sbek Thom ha sido revitalizado progresivamente gracias a unos pocos artistas supervivientes. Hasta ahora, tres teatros de sombras han logrado renacer de sus cenizas, asegurando así la transmisión de los conocimientos y las técnicas, sobre todo las relacionadas con la fabricación de las marionetas. Proclamación 2005: "Gigantes y dragones procesionales de Bélgica y Francia" Obra maestra multinacional: Bélgica - Francia. La tradición de los gigantes y dragones procesionales abarca un conjunto original de manifestaciones populares festivas y representaciones rituales. Estas efigies aparecieron por primera vez en las procesiones religiosas a finales del siglo XIV en muchos pueblos europeos y son el emblema de identidad de ciertas ciudades belgas (Ath, Bruselas, Dendermonde, Mechelen y Mons), y francesas (Cassel, Douai, Pézenas y Tarascon), donde siguen siendo tradiciones vivientes. Los gigantes y dragones son grandes muñecos que miden hasta nueve metros de altura y que pueden pesar hasta 350 kilos. Representan héroes o animales míticos, personalidades locales contemporáneas, personajes históricos, bíblicos o legendarios. Se escenifica el combate de San Jorge y el Dragón en Mons; el caballo Bayardo de la leyenda de Carlomagno desfila en Dendermonde; Reuze Papá y Reuze Mamá, personajes populares y familiares, desfilan en Cassel. Las representaciones, que mezclan a menudo procesiones profanas y ceremonias religiosas, varían de una ciudad a otra, pero siempre siguen un ritual muy preciso, en el que el gigante está a menudo relacionado con la historia, la leyenda o la vida de la ciudad. Gigantes y dragones animan así las fiestas populares en las que son los actores principales al menos una vez al año, puesto que cada gigante tiene su fiesta en una fecha fija. Representan escenas históricas y bailan en las calles acompañados de charangas y grupos de personas disfrazadas. La muchedumbre sigue la comitiva y son muchos los que participan en los preparativos y en las distintas etapas de la fiesta. La fabricación de un gigante, así como su mantenimiento permanente, requiere meses de trabajo y conocimientos de distintas técnicas, dada la variedad de materiales utilizados. Aunque estas manifestaciones no están amenazadas de desaparición por ahora, sufren una serie de presiones como las transformaciones de los centros urbanos y el incremento del turismo, que van en detrimento del carácter popular y espontáneo de la fiesta. Información obtenida de www.unesco.org
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©José-Diego
Ramírez. A
la sombrita, S.L. teatro
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